Cuarenta años enseñando, toda una vida dejando huella
Hay días en un colegio que se parecen a todos los demás. Suena el timbre, las aulas se llenan de voces, comienzan las clases, llegan los recreos… Y hay otros días que sabemos, incluso mientras los estamos viviendo, que no vamos a olvidar.
El de la despedida de nuestra querida Seño Sole fue uno de ellos.
Después de cuarenta años dedicados a la enseñanza, llegó el momento de cerrar una etapa inmensa. Cuarenta años que se escriben pronto, pero que contienen miles de mañanas, cientos de alumnos y alumnas, incontables explicaciones, reuniones, cuadernos, recreos, excursiones, sonrisas, preocupaciones y abrazos. Cuarenta años haciendo algo tan importante como difícil de medir: acompañar a los niños mientras crecen.
Y una trayectoria así merecía una despedida especial.
Por eso, aquel día quisimos regalarle una sorpresa sencilla, pero cargada de cariño. Sole al llegar al colegio descubrió que el colegio entero la estaba esperando. Desde las galerías, nuestros niños y niñas, con sus globos y sus voces, fueron formando ese pasillo invisible que solo puede construirse con el afecto.
Quizá aquella imagen resumiera mejor que cualquier discurso lo que significa dedicar una vida a la escuela.
Porque Sole se marchaba por la misma puerta por la que tantas veces había entrado para enseñar, pero esta vez todo un colegio se asomaba para decirle adiós.
Y seguramente ahí estaba la mejor recompensa posible después de tantos años: comprobar que detrás de una maestra no quedan solamente temas explicados, notas o cursos terminados. Quedan personas. Quedan recuerdos. Queda cariño.
Durante todos estos años, Sole ha formado parte de la historia de nuestro colegio y, sobre todo, de la historia personal de muchos niños y niñas que tuvieron la suerte de encontrarla en su camino. También deja su huella entre quienes hemos compartido con ella claustro, conversaciones, proyectos, dificultades, celebraciones y tantos pequeños momentos cotidianos que son, al final, los que construyen una vida juntos.
Ahora comienza para ella un tiempo diferente. Un tiempo sin horarios, sin timbres y sin prisas. Un tiempo merecido para disfrutar de todo aquello que durante tantos años tuvo que esperar a que terminara la jornada, el trimestre o el curso.
Pero hay algo de lo que Sole nunca podrá jubilarse: de ser maestra.
Porque ser maestro durante cuarenta años acaba convirtiéndose en una manera de mirar el mundo. Y porque uno puede despedirse de las aulas, pero es mucho más difícil que las aulas se despidan de uno.
Querida Sole: gracias por tus años de entrega, por tu trabajo, por tu compañerismo y por todo lo que has dejado entre estas paredes y, especialmente, en las personas que las habitan.
Aquel día los globos subieron, las voces llenaron el patio y tú cruzaste la puerta hacia una nueva etapa.
Nosotros nos quedamos al otro lado, felices por ti, aunque con ese pequeño nudo en la garganta que aparece cuando se marcha alguien que forma parte de nuestra historia.
Disfruta muchísimo de todo lo que viene. Te lo has ganado.
Y recuerda que esta siempre será tu casa.
Hasta siempre, Seño Sole.
Gracias por estos 40 años enseñando y dejando huella. 💚
CEIP Virgen de la Cabeza


